domingo, 3 de abril de 2016

Mi primer día

MI PRIMER DÍA

Cuando mis padres me dijeron la noticia, no reaccione, quede en blanco,  como cuando mi mama me contó que me había comprado los patines nuevos, pero esos que a mí no me gustaban, si bien era un cambio y me hacía falta,  no era lo que yo quería.
De la misma forma me quede, callada y tratando de sopesar los pros y contras. Opte por sentirme ansiosa, y pensar que trasladarse a otro colegio agrandaría mi lista de amigos, porque podría tener ahora amigos en la dante y en el tabo.
Para mi primer día sentí que todo iba mal, una semana antes  todo empezó a salir mal, y comenzó con las compra del uniforme.  Yo en la dante usaba guardapolvo y debajo me ponía lo que me pareciese cómodo. Ahora no, tenía que llevar zapatos de vestir y pollera pantalón (en mi vida había visto una) porque mi vida social se limitaba a mis amigas de la dante y las chicas del club,  que en muy extraña situación surgía el tema del colegio y menos del uniforme, eran otras épocas pues, y no nos interesaba saber que ropa usábamos. Bueno, así fue la cosa, y cuando fuimos a buscar mis zapatos de vestir, no pudimos comprar porque no había. A mí me parecía muy lógico que no se vendiesen zapatos de vestir en talla 35, porque ¿Qué niño de 8 años los usaría? Después termino siendo que fue solo un día de mala racha y no que no existiesen zapatos de vestir en talla 35.
Mi día de mala racha se extendió a una semana, hasta el primer día de clases. Sentía mucha vergüenza por tener que llevar pollera con zapatillas, en mi interior no podía encontrar nada que fuese bien con esa pollera espantosa, ni los zapatos de vestir podrían ir bien . Yo simplemente quería poder ponerme mi guardapolvo.  Tuve un sentimiento de extrañeza cuando cruce las puertas del tabo y no las puertas de la dante que tan acostumbrada estaba a ver. Todo fue de mal a peor cuando la vicedirectora decidió anunciar  a los nuevos por el micrófono frente a todos los alumnos formados en el patio verde. ¡Qué vergüenza sentí cuando mis compañeras me miraban como intrusa! Lo único que me calmo un poco fue la  mirada cálida de la seño Sonia, que parecía entender.
Cuando llego el momento de entrar al aula, me sentí aislada y fuera de lugar. Hasta que  la seño me mando a llevar el libro de temas a la secretaria y  no supe hasta ese momento que ese hecho iba a significar tanto para mí, pues me asigno la tarea para hacerla acompañada de una de las nenas que integraba el grupo. Yo sabía que ese era mi momento,  el momento de hacer mi primera amiga y lo tenía que aprovechar.
Mientras hacíamos el camino a la secretaría,  me sudaban las manos y pensaba y repensaba en como planteárselo al tiempo que controlaba la distancia que me quedaba para hacer mi proposición, porque parecía que ella caminaba cada vez más rápido, incomoda entre el silencio de ambas, pero yo no lo notaba, estaba ahogada en mis pensamientos. Cuando quedaban metros, no,  centímetros, casi milímetros,  del aula,  me entro el pánico y de la misma forma que baja un rayo del cielo en noche tormentosa y solo unos pocos afortunados tienen la oportunidad de ver la estela que este deja a su paso con su caída, dispare -¡¿QUERES SER MI AMIGA?!- .

Ella se quedo pasmada por la idea. Me dio miedo. Creí que había sido inapropiado.  Unos segundos tormentosos más tarde ella me contesto –Sí, ¿Cómo te llamas?- . Esa respuesta dio a luz a una nueva amistad, sabrá uno si decidió darme el si por compromiso, pena o porque sí quería ser mi amiga, pero de esta forma sucedió y existen recuerdos imposibles de modificar.

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