MI PRIMER DÍA
Cuando
mis padres me dijeron la noticia, no reaccione, quede en blanco, como cuando mi mama me contó que me había
comprado los patines nuevos, pero esos que a mí no me gustaban, si bien era un
cambio y me hacía falta, no era lo que
yo quería.
De
la misma forma me quede, callada y tratando de sopesar los pros y contras. Opte
por sentirme ansiosa, y pensar que trasladarse a otro colegio agrandaría mi
lista de amigos, porque podría tener ahora amigos en la dante y en el tabo.
Para
mi primer día sentí que todo iba mal, una semana antes todo empezó a salir mal, y comenzó con las
compra del uniforme. Yo en la dante usaba guardapolvo y debajo me
ponía lo que me pareciese cómodo. Ahora no, tenía que llevar zapatos de vestir
y pollera pantalón (en mi vida había visto una) porque mi vida social se
limitaba a mis amigas de la dante y
las chicas del club, que en muy extraña
situación surgía el tema del colegio y menos del uniforme, eran otras épocas
pues, y no nos interesaba saber que ropa usábamos. Bueno, así fue la cosa, y
cuando fuimos a buscar mis zapatos de vestir, no pudimos comprar porque no
había. A mí me parecía muy lógico que no se vendiesen zapatos de vestir en
talla 35, porque ¿Qué niño de 8 años los usaría? Después termino siendo que fue
solo un día de mala racha y no que no existiesen zapatos de vestir en talla 35.
Mi
día de mala racha se extendió a una semana, hasta el primer día de clases.
Sentía mucha vergüenza por tener que llevar pollera con zapatillas, en mi
interior no podía encontrar nada que fuese bien con esa pollera espantosa, ni
los zapatos de vestir podrían ir bien . Yo simplemente quería poder ponerme mi
guardapolvo. Tuve un sentimiento de
extrañeza cuando cruce las puertas del
tabo y no las puertas de la dante
que tan acostumbrada estaba a ver. Todo fue de mal a peor cuando la
vicedirectora decidió anunciar a los
nuevos por el micrófono frente a todos los alumnos formados en el patio verde.
¡Qué vergüenza sentí cuando mis compañeras me miraban como intrusa! Lo único que
me calmo un poco fue la mirada cálida de
la seño Sonia, que parecía entender.
Cuando
llego el momento de entrar al aula, me sentí aislada y fuera de lugar. Hasta
que la seño me mando a llevar el libro
de temas a la secretaria y no supe hasta
ese momento que ese hecho iba a significar tanto para mí, pues me asigno la
tarea para hacerla acompañada de una de las nenas que integraba el grupo. Yo
sabía que ese era mi momento, el momento
de hacer mi primera amiga y lo tenía que aprovechar.
Mientras
hacíamos el camino a la secretaría, me
sudaban las manos y pensaba y repensaba en como planteárselo al tiempo que
controlaba la distancia que me quedaba para hacer mi proposición, porque
parecía que ella caminaba cada vez más rápido, incomoda entre el silencio de
ambas, pero yo no lo notaba, estaba ahogada en mis pensamientos. Cuando
quedaban metros, no, centímetros, casi milímetros,
del aula, me entro el pánico y de la misma forma que
baja un rayo del cielo en noche tormentosa y solo unos pocos afortunados tienen
la oportunidad de ver la estela que este deja a su paso con su caída, dispare -¡¿QUERES
SER MI AMIGA?!- .
Ella
se quedo pasmada por la idea. Me dio miedo. Creí que había sido inapropiado. Unos segundos tormentosos más tarde ella me
contesto –Sí, ¿Cómo te llamas?- . Esa respuesta dio a luz a una nueva amistad,
sabrá uno si decidió darme el si por compromiso, pena o porque sí quería ser mi
amiga, pero de esta forma sucedió y existen recuerdos imposibles de modificar.
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