lunes, 29 de agosto de 2016

Un juego para unos pocos

Sentía la frialdad de la tierra húmeda contra mi rostro, pero nada más. Los estruendos y el sonido ddl fuego disparado, me ubicaron y me ayudaron a salir de mi desconcierto.
Estaba perdiendo todo, pero sobre todo me perdía a mi, por hombres poderosos que juegan en el mundo, y que compiten entre ellos, acumulando fortunas inimaginables cuyo propósito no es otro que  la del poder. No es justo, que en esta competencia del "haber quien la tiene mas larga" existan tantas víctimas y en medio yo soy una, una víctima y caído del tablero, utilizado como sacrificio.
Estoy pensando en mi vecino y en sus juegos, uno me llama especialmente la atención. El de los soldaditos, no hay mucha diferencia entre los poderosos y él, en ese momento, solo que el niño si nota la ausencia de uno de sus juguetes, los poderosos en cambio, nos consideran piezas o peones reemplazables.
Era un destino inpensable hace solo dos meses atras, me creía inmortal, y hasta me había tomado el trabajo de pensar que iba hacer de mi vida. No era consciente de lo que pasaba a mi alrededor. Dichosos los nacidos en cuna de oro, porque si ausencia si importa, son la torre, el alfil y el caballo. No se puede jugar sin ellos, el juego se vuelve aburrido.  Porqué estoy luchando una guerra que no entiendo? Vale más una idea que mi vida? Para qué sirve la libertad si estoy muerto?
Nadie me escucha, ni me escuchará. Soy un número más, si es que me encuentran, un triste peón. Lo que no saben es que no habría ajedrez sin peones, ni guerra sin soldados, tampoco ricos sin pobres. Alguien se tiene que sacrificar y está noche me tocó a mí.

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