Una mañana escolar como cualquier otra, al sonar la campana del tercer recreo,
siempre nos juntábamos en el patio principal del primario y jugábamos un partidazo
de fútbol en el tiempo que teníamos. Recuerdo que al primer sonido de la
campana, comenzábamos una maratón para llegar primero al patio y aprovechar al máximo el
tiempo. En estas corridas se permitía de todo, ya sea empujar a los compañeros
como hacerlos tropezar. Corriendo a toda velocidad, superando a todos mis
compañeros, esquivaba a los chicos del secundario y primario como si no hubiese
un mañana.
La mala suerte!!! Llegando al comedor, no pude evitar chocar de frente al vice-director
del colegio. Este señor, llamado "Giuseppe", que me conocía al
detalle debido a mi mala conducta. La cual adquirí en el transcurso del jardín y
primaria, obviamente por ser un niño pequeño y muy travieso.
Giuseppe me tomo del antebrazo con tanto enojo, que hasta me dio miedo de que
fuese a revolearme por el aire. Finalmente me llevo al espacio que yo mas
conocía dentro de la escuela, “la dirección”, el vice tenía preparado y muy
presente el número de celular de papa. Lo llamo y le relato de manera épica como
lo había golpeado y a su vez, roto sus lentes.
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