domingo, 6 de marzo de 2016

El Ultimo Recuerdo

   Una mañana calurosa, como otra cualquiera, los grandes empezaban sus rutinas. Pero para los chicos, no era un día cualquiera, era el último día de clases. Ese 5 de noviembre iba a terminar, para nosotros, la pesadilla del primario ya que estábamos en sexto. Para ese gran día, los chicos de sexto, decidimos cual iba a ser nuestro último recuerdo.


   Ese día, me había levantado temprano como si me estuviera perdiendo algún dibujito animado. Me cambie de ropa, el pantalón de vestir, los zapatos y por último la remera de la promo, aunque al revés, por lo apurado que me vestí no me había dado cuenta.
   Baje a tomar el desayuno que mi padre me había echo minutos antes, todavía con la remera dada vuelta. Mi madre bajo a saludarme y fue ella quien se dio cuenta del detalle. Me pidió que me lo acomodase pero no le hice caso por lo apurado que estaba. Agarré mi mochila con carrito y salí corriendo hacia el auto.

   Cuando llegue al curso, era casi un murmullo constante. Entre, hice mi rutina diaria, que era saludar a todos mis compañeros aunque esta vez mientras los saludaba, veía su cara y por lo menos recordaba algún momento divertido que hayamos pasado. Pero toda esa felicidad, se arruino con un solo sonido, el timbre de comienzo de clases. Aunque eso fuere algo malo, se le sumo algo peor, era tener que escuchar a la profe de sociales, de la cual nadie la escuchaba. Algunos se dormían, haciendo destacar algunos de sus ronquidos, pero se incorporaron de un salto cuan sonó el timbre del primer recreo. Nadie quiso hacer nada, el ambiente estaba muy tenso. Así, se nos paso el recreo y siguieron las próximas horas, aunque ahora teníamos matemática y la profe tenía que tomar oral a los chicos que faltaron la clase pasada, así que, nos sentamos al fondo, los que ya fuimos evaluados, y empezamos frenéticamente a preparar todo. A los chicos que les estaban teniendo el oral, uno por uno, se iban uniendo a la reunión. Sonó la campana del segundo, y con eso empezó todo.
   Sacamos una remera de gimnasia, de esas blancas que hasta la más mínima mancha se nota, y fibras de todos los colores posibles. Salimos corriendo al patio y se formó un gran círculo de chicos reunidos a la entrada del patio verde. Los profesores veían a ese conjunto de alocados chicos y no presentían nada bueno. Empezaron a haber rayones de colores de todo tipo, desde grandes a chiquitos, hasta que nos calmarnos. Así, se empezaron a hacer bien visibles esos rayones, eran las firmas de todos los chicos de Sexto en la remera de gimnasia.
   Todos alegres, fuimos hacia las aulas. Cuando todos llegamos a sentarnos, la directora se apareció, nos retó, como para arruinarnos el día el alegre último día de primaria. Nos amenazó con echarnos del cole o contarle a nuestros padres todos los problemas que causamos en el año. Aunque eran amenazas, ese último recuerdo, nos dejó con una sonrisa imborrable. Sonó el timbre de salida y nosotros, sexto grado, salíamos, ese 5 de noviembre,del primario para recién volver cuando llevemos a nuestros hijos

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