Lo recuerdo perfectamente, era el último día de clases, pero no cualquiera, sino nuestro último día como alumnos de primaria. Las expectativas por todo lo que vendría a partir de ese momento eran altísimas: la emoción del viaje de egresados, las ansias de entrar a primer año y los nervios de darse cuenta de que estábamos cada vez mas cerca de convertirnos en adultos no nos permitían estarnos quietos.
El día era uno muy caluroso, más que de costumbre, y el sol estaba tan fuerte que todo 6A nos quedamos dentro de las aulas durante los recreos para refrescarse con los ventiladores que no dejaban de girar en el techo.
Ya llegaba el momento, estábamos en nuestro último recreo, o al menos el último de nuestra vida en primaria. Pero a pesar de que ya estábamos de por si muy emocionados, sentíamos que debíamos hacer ese día inolvidable: era nuestro deber hacerle saber a toda la primaria quiénes éramos.
Entonces, lo que empezó como inofensivos cantos y celebraciones, aprovechando que el profesor no estaba en el aula, se transformó en una revuelta y un griterío de proporciones bíblicas. Las cartucheras, carpetas y lapiceras volaban por el aula como hojas en un huracán.
Sin embargo, más temprano que tarde, surgió la gota que colmó el vaso: a los más reboltosos del aula se les ocurrió la brillante idea de empezar a tirar mochilas y zapatillas también. Poco después de haber tomado esta errada decisión una mochila pegó en uno de los enormes ventiladores metálicos, el cual cayó abruptamente, destruyendo un par de bancos y dejando mal heridos a varios chicos.
Con tanto revuelo, el mismísimo director de la escuela (para mí un viejo amargado), llegó corriendo al aula y, furioso, pensaba darnos el sermón de nuestras vidas. Pero, al ver semejante escena dantesca, el corazón del pobre anciano no aguantó y su cara paso de estar roja de ira a palidecerse por completo antes de desplomarse al suelo.
Y así un típico último día de clases se convirtió en el último día de vida de un viejo y amargado director.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario