En cuarto año, tuvimos
que trabajar en un proyecto llamado ONU. A mis compañeros y a mí nos
correspondió representar a Francia, que en ese momento estaba en una situación
muy delicada debido a los atentados que había concretado en París el Estado Islámico. La mayoría de los profesores a cargo tenían dudas
sobre nuestro desempeño potencial porque el país que nos asignaron era el más
difícil.
Con mis compañeros de
grupo nos reunimos cinco tardes previas al gran evento. La mañana del simulacro
estaba muy nervioso pero, por suerte, cuando pasamos a leer nuestro discurso
todos nos prestaron atención y pudimos responder muy bien a las preguntas de
las otras delegaciones.
Tres semanas después
del evento, en la hora de Geografía el profesor Rins nos comunicó que ya tenía
las notas del proyecto. Los grupos pasaban y pasaban, y el profesor no nos
llamaba. Julio, un amigo y compañero del grupo, y yo estábamos sumamente
nerviosos. Fuimos el penúltimo grupo en ser llamados para recibir la nota.
Cuando Rins comenzó a hablar nos pareció que con suerte llegábamos al 6. Pero
luego, la devolución del profesor tuvo un gran cambio. Nos felicito por la
actuación en simulacro. Luego recibimos la tan grata y ansiada felicitación del
profesor. Y también la nota: ¡Si, fue un diez!
Alfonso Gauna
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