“Otra vez ese olor. Cada vez que volvía de la cárcel, de
visitar a mi hijo, la ropa me quedaba impregnada de ese olor” Pensaba María que
sentada en el sillón del living, de pronto comenzó a sentir un particular aroma,
que le trajo el recuerdo de las visitas que realizaba semanalmente a la cárcel para
poder ver a su hijo. María ya con 60 años de edad y 2 sin tener noticias de su
hijo comenzó a rememorar aquel día en el que recibió la triste noticia. Era un
día lluvioso, recibió el llamado por la tarde, era Martín su hijo, le estaba
explicando cómo llego a esa situación: Él estaba conduciendo y recibió un mensaje
al teléfono lo quiso ver y cuando volvió al levantar la vista ya era demasiado
tarde, tenía una mujer delante de su auto y ya no podía frenar. De allí en
adelante todo sucedió muy rápido, el juicio y demás procedimientos legales.
Su madre se comprometió a ir una vez por semana a verlo
hasta el 30 de octubre de 1998, día en que él se escapó de la cárcel luego de 5
años preso.
Allí estaba María, sentada en su sillón hasta que comenzó a
oler ese aroma mezclado de humedad y transpiración que había en la cárcel. Sintió
que tacaban la puerta, se le iluminaron los ojos, su corazón empezó a latir más
rápido, se dirigió a la puerta, ella sabía que él estaba allí del otro lado,
finalmente abrió la puerta sin preguntar quien era.
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